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jueves, 28 de febrero de 2013

Semana Santa 2013

Inauguración de la Semana Santa en El Toboso

Hoy, primer viernes de mes, tradicional besa pies a la Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús Rescatado.

EL TOBOSO / 28 FEB ■ InfoParroquia.- La Parroquia San Antonio Abad, de la localidad toledana de El Toboso, inicia los actos de su Semana Santa a partir de este 1 de marzo de 2013, primer viernes de mes. Los actos centrales para este día los ocupará el tradicional besa pies a la Sagrada Imagen de Nuestro Padre Jesús Rescatado, en la iglesia conventual del Monasterio de Trinitarias de clausura. Desde primera hora y hasta la media noche de este día, la iglesia estará abierta a todos los fieles devotos que se acerquen a honrar a Jesús, popularmente conocido con el título «de Medinaceli». A las 11:00 horas de la mañana se celebrará la Santa Misa.


Cartel Semana Santa 2013

Aprovechando este día devocional en El Toboso, la Parroquia toboseña hace público el Cartel anunciador de la Semana Santa 2013 en el Año de la Fe. Se trata de una composición cuyo autor es D. José Martínez, más conocido como Pepeltoboso por su trabajo fotográfico que expone en Internet. Para esta ocasión, Martínez ha tomado uno de sus trabajos anteriores, una representación de la imagen de Nuestro Padre Jesús atado a la columna, para convertirlo en el tema principal del cartel anunciador y que él mismo califica como «imagen devocional muy dramática que cala hondo en los toboseños. Para ello, he utilizado un fondo que, siempre jugando con las sombras, evoca las marcas de los azotes, aunque sin dramatismos [...] La gama cromática (rojo oscuro y oro viejo) trata de transmitir una idea estética del tormento de los azotes»

Por su parte, el Párroco de la localidad, Rvdo. D. Juan Miguel Romeralo Santiago ha alabado el trabajo de José Martínez pues «gracias a su ilusión e interés, sus fotografías publicadas permiten, desde hace ya varios años, contar con una colección gráfica de carteles que sirven para dejar reflejada la imaginería cofrade toboseña con este tipo de trabajos que, a lo largo de los años, permitirá elaborar una importante galería devocional»

Este cartel será portada del Programa de Semana Santa que la Parroquia toboseña está preparando y que se editará en breve.

FOTO:

© Pepeltoboso, 2013

001.- Cartel de la Semana Santa El Toboso 2013.

Santa Sede


El Toboso despide al Papa Benedicto XVI con un largo repique de campanas

«Soy un peregrino que llega a su última etapa. Vamos a avanzar adelante, por el bien de la Iglesia», dijo emocionado desde el balcón del Palacio de Castel Gandolfo en su último discurso como Papa.


EL TOBOSO / 28 FEB ■ InfoParroquia.- La gélida y nívea tarde de este 28 de Febrero de 2013 en El Toboso (Toledo) no supuso ningún inconveniente para que las campanas de la torre de la «Catedral de La Mancha» así como la de los conventos de clausura toboseños se sumasen a todos los carillones de la Ciudad Eterna que a las cinco de la tarde, hora española, despedían definitivamente al Papa Benedicto XVI antes de que se hiciese efectiva su renuncia a seguir siendo el 265 sucesor de San Pedro.

Además de este gesto simbólico, la Parroquia de El Toboso ha ofrecido esta tarde una Misa de Acción de Gracias por los ochos años de pontificado del Papa Ratzinger.

FOTO:

© AFP, 2013

001.- Un helicóptero de la República de Italia traslada al Santo Padre desde la Ciudad del Vaticano hasta Castel Gandolfo.

martes, 12 de febrero de 2013

Mensaje Cuaresma 2013

«Creer en la caridad suscita caridad»

«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él»  (1 Jn 4,16)

EL TOBOSO / 12 FEB ■ InfoParroquia.- Al inicio del santo tiempo de la Cuaresma, que se celebrará este próximo miércoles 13 de febrero con una misa en la Iglesia Parroquial de El Toboso y conventos de clausura, InfoParroquia EL TOBOSO acerca a todos los fieles toboseños y seguidores del blog de noticias el mensaje que el Papa Benedicto XVI dirige en este Año de la Fe a toda la Iglesia con el título «Creer en la caridad suscita caridad», el último como Papa.


            Queridos hermanos y hermanas:

            La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

            1. La fe como respuesta al amor de Dios

            En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal ―que incluye todas nuestras facultades― a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por “concluido” y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor ―«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14)―, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

            «La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz ―en el fondo la única― que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

            2. La caridad como vida en la fe

            Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

            Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

            La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

            3. El lazo indisoluble entre fe y caridad

            A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

            La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas in veritate, 8).

            En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto ―indispensable― con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.

            A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

            4. Prioridad de la fe, primado de la caridad

            Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

            La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

            La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co13,13).

            Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.

            Dado en el Vaticano, 15 de octubre de 2012

            BENEDICTUS PP. XVI

FUENTE:

© Copyright 2012 - Libreria Editrice Vaticana

lunes, 11 de febrero de 2013

Ante la renuncia del Papa


¡GRACIAS, BENEDICTO XVI!

Su Santidad ha hecho pública hoy su renucia al ministerio petrino aludiendo a razones personales, «por tener edad avanzada y falta de fuerzas» 


EL TOBOSO / 11 FEB ■ InfoParroquia.- Sorprendidos por la noticia, lo mismo que medio mundo, InfoParroquia EL TOBOSO, en nombre de toda la feligresía de la Parroquia San Antonio Abad, agradece a Su Santidad estos ocho años de ministerios como Vicario de Cristo en medio de su Iglesia. La renuncia será el próximo 28 de febrero, a las 20:00h, en la Sede de Roma.


Este es el comunicado en el que se recoge la declaración del Papa en la que anuncia su dimisión:


"Queridísimos hermanos,

Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
 
Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.

Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.

Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.

Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.

Vaticano, 10 de febrero 2013".

Fuente: www.vatican.va




sábado, 9 de febrero de 2013

Medios de Comunicación

InfoParroquia EL TOBOSO estrena su propia Radio

Después de un tiempo en pruebas, InfoParroquia_Radio comenzará en breve a emitir programas propios.

EL TOBOSO / 9 FEB ■ InfoParroquia.- La Agencia Parroquial de noticias InfoParroquia EL TOBOSO de la Parroquia toboseña estrena su nuevo canal de radio on-line, InfoParroquia_Radio. Tras un tiempo de pruebas mediante la emisión de programas hipervinculados a varias emisoras católicas, la Parroquia de El Toboso comenzará a emitir su propia programación en radio, un trabajo que durante estos días los responsables del proyecto están concluyendo su fase de diseño y producción, redacción de contenidos y locución. Con este nuevo servicio, que verá agrandadas su posibilidades y oferta, el blog parroquial de noticias ofrece a fieles y lectores tres herramientas de comunicación continua: noticias escritas, canal de video y, a partir de ahora, canal de audio.