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viernes, 26 de junio de 2015

Misioneros toboseños

«Aure», libro del misionero toboseño Miguel Ángel Lozano

Esta publicación cuya recaudación se destinará a proyectos asistenciales para los maasai, está editada por la editorial Gollarín y tiene por subtítulo «Diario en Tanzania»


EL TOBOSO / 26 JUN ■ InfoParroquia / diariocordoba.com.- El Palacio de la Merced de Córdoba acogió, el pasado 20 de junio, la presentación del libro «Aure-Tengo miedo», escrito por el misionero natural de El Toboso (Toledo) Miguel Ángel Lozano y subtitulado «Diario en Tanzania» 

El público asistente completó el aforo de este acto, que tuvo lugar en el salón de plenos de la Diputación y contó con la intervención de Francisco Marín, presidente de la editorial Gollarín que ha publicado la obra,  y de Miguel García-Revillo, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Córdoba y director de la película y el autor del libro “El Viaje de Caín”.

En esta línea, Francisco Marín destacó, en las palabras que dirigió al público, que este proyecto es atractivo porque traslada al lector a un mundo muy diferente.

Por su parte, García-Revillo comentó algunos detalles de la publicación y de su autor, a quien conoció durante el rodaje de “El Viaje de Caín”, que tiene al misionero toboseño como uno de sus protagonistas, en Mangola (Tanzania) a finales del 2012. Aquel viaje, que realizó en una de las expediciones sanitarias de la Fundación Arruzafa, le permitió conocer la labor que Miguel Ángel Lozano desarrolla en beneficio de los más necesitados junto al el misionero cordobés José Aguilar. Este profesor explicó que “Aure” es un libro divertido y emotivo.

Por último, el autor, desplazado desde Tanzania, agradeció la presencia del público, entre quienes se encontraban miembros de las fundaciones cordobesas que le ayudan (Arruzafa y Urafiki), y dijo sentirse abrumado por el éxito de la obra.

Lozano explicó que este trabajo ha sido escrito para todos los públicos y articuló su presentación en torno a "seis palabras clave". Estas son: "soledad", "utopía", "vocación", "sexualidad", "memoria" y "maasai", un pueblo del que aprendió durante los años en los que estuvo viviendo con él, y del que tomó la palabra que da título a la obra: "Aure", que en maasai significa "tengo miedo". Los ingresos de la venta del libro se destinarán a proyectos asistenciales para los maasai.

Aure –Tengo miedo

Según presenta la propia editorial, «Miguel Ángel Lozano nos acompaña por una etapa fundamental de su vida en un extenso e intenso trabajo que hemos puesto en sus manos bajo el título de Aure-Tengo Miedo. Es este un libro muy especial, en el que su autor se muestra ante nosotros con la libertad que solo sienten aquellos que están en paz con sus anhelos. Aure-Tengo Miedo es una especie de diario autobiográfico de los primeros años que el autor pasa en Tanzania como misionero, labor que ya no abandonará. No es fácil retratar personajes y dibujar espacios como lo hace Miguel Ángel Lozano en éste su primer libro. Su lectura nos adentra con suavidad en ese mundo tan distinto al nuestro que parecería estar leyendo un relato de ficción»


«Es adecuado destacar la capacidad de transmitir emociones y compartir sentimientos íntimos que vamos a recibir con este relato. No debe tener prisa el lector en concluir este grueso volumen. Más bien debe de recrearse en su lectura tranquila, sorbiendo todo lo que se describe y disfrutando del hermoso ideal que yace bajo la escritura en este libro. Miguel Ángel nos hace un bello regalo e invita a trascender lo próximo en busca de la utopía que nos haga útiles»

Autor

Miguel Ángel Lozano es, actualmente, Sacerdote Diocesano de Arusha y colaborador de los Misioneros Espiritanos, en Mangola (Tanzania-África). Nació en El Toboso (Toledo) en 1950, en el seno de una familia campesina.

Estudió Bachiller y Filosofía en el Seminario de Toledo durante nueve años. Posteriormente, se trasladó a la Universidad Complutense de Madrid para ampliar sus estudios en Filosofía dos años más, alternando con trabajos en una empresa de transportes.

Seguidamente, se alistó durante un año y medio en la Legión en el Sahara-Villa Cisneros. De vuelta en España, continuó sus estudios durante 3 años en Teología con los Misioneros Espiritanos en Burgos, Barcelona y Granada.

En 1983 fue ordenado Sacerdote en Arusha-Tanzania.

Lleva más de 35 años en Misiones en Tanzania de las cuales, 12 con los Maasai y 23 con otras tribus, buscando siempre una Utopía.


FOTO:

© diariocordoba.com, 2015

001.- Un momento de la presentación en el Palacio de la Merced

002.- Portada del libro

sábado, 20 de junio de 2015

Convento Clarisas

¡Imposible para mí…!

“Desde aquí mis rodillas se hacen alas, puedo llegar a tantos corazones, a tantos hermanos con los que ser madre solidaria y cercana, que sana y acompaña,  desde el silencio orante”


EL TOBOSO / 20 JUN InfoParroquia.- Después de haber vivido en primera persona, justo ahora hace una semana, la profesión solemne de la hermana Gabriela del Buen Pastor en el Convento de las Clarisas de la Patria de Dulcinea, InfoParroquia EL TOBOSO les hace llegar la siguiente entrevista que realizó a la hermana Gabriela, Sor Gabi, días antes de su profesión, el pasado 13 de junio.

Gracias a la hospitalidad de las hermanas clarisas, pudimos compartir un rato, largo y tendido, con esta joven paraguaya a la que poco a poco se le van notando rasgos de querer ser una auténtica Dulcinea de Dios. Nos recibe en la Iglesia del Convento toboseño. Nosotros aguardamos en la bancada del templo. Tras saludar al Señor en el Sagrario con una sentida genuflexión, se vuelve hacia nosotros y nos dice:

HG: ¡Hola, chicos!

InfoParroquia (IP): Gracias hermana por habernos dado la oportunidad de atendernos en estos días, que seguro sabemos están siendo muy importantes para usted. Para empezar, ¿quién es usted?

Hermana Gabriela (HG): Mi nombre es Gabriela María Beatriz Martinucci Orihuela, tengo 31 años, nací en Asunción (Paraguay) y soy la tercera hija de 4 hermanos. Llevo viviendo en España casi 7 años, en esta comunidad de Hermanas Clarisas Franciscanas de El Toboso (Toledo).

IP: ¿Cómo llegó hasta aquí, hasta El Toboso?

HG: Es la pregunta con la que no pocas personas me interrogan o quizá y en el fondo, no sea más que la expresión de quien se interroga tal misterio a sí mismo. Por eso, permitidme que comparta con vosotros este testimonio vocacional, aprovechando el acontecimiento de mi Profesión Solemne como religiosa clarisa.

IP: Por supuesto, hermana. Cuéntenos…

HG: Por la gracia de Dios, nací en un hogar cristiano con gran sensibilidad mariana, devoción a la Virgen. Ahí aprendí mis primeras oraciones con la ayuda de mis padres y abuelos. En especial con mi abuela Claudia a la que cariñosamente llamábamos “Tata”

Mis padres se casaron un 24 de mayo en reflejo de ese amor tan grande a nuestra madre María en su especial advocación de “Auxiliadora”, con la promesa de consagrarle a Ella los hijos que Dios les diera.


Fui educada en colegios católicos donde tuve la gracia de conocer a muy buenas religiosas, que con sus vidas y ejemplo me fueron enseñando lo hermoso que era para ellas vivir entregando la vida a Dios. Tal fue mi experiencia en estas instituciones que a los 9 años, viendo a una religiosa de la infancia misionera, sentí por primera vez la llamada a la vida consagrada.

IP: Ya con nueve años quería ser… ¿religiosa?

HG: Bueno, este deseo fue creciendo en mí, y creo que de alguna manera iba también modelando mis actitudes y tendencias de cara a la vida según Dios.

Mi comunidad parroquial fue lugar de encuentro con un Dios más vivo y dinámico al que poder frecuentar. Aquí tuve mis primeras vivencias fundamentales de fe, donde percibí cuál era el poder de la oración en la curación del cáncer que le toco padecer a mi madre. Más tarde y al igual que mis padres, también serví con gratitud a mi querida Parroquia de San Agustín como catequista de niños que iban a tomar la Primera Comunión.


Sin duda que las costumbres religiosas y prácticas cristianas de este entorno tan resguardado en el que crecí, nutrían esa primera llamada, pues al margen de ser una adolescente normal, casi iba como fiándome una meta: “terminar el colegio y meterme a monja”

IP: ¿Tan claro lo tenía?, ¿no pensaba en otras opciones?, ¿no le asaltaron las dudas?

HG: Si, si, si. Las luchas internas de la juventud no tardarían en llegar; tampoco Dios descuidaría su tierra elegida.

IP: ¿Y qué pasó?

HG: Pues que estando yo así y sin querer, toda la familia nos vimos  integrando el Camino Neocatecumenal donde inicié un itinerario de fe más sólido a la luz de la Palabra. Por motivos de mi corta edad, sólo contaba con 17 años, no pude ingresar a en una comunidad religiosa. Este hecho hizo que fuese aparcando aquella naciente idea de niña.

IP: A esa edad, con 17 años y en plena adolescencia, ¿no le salió algún amor a primera vista?

HG: [Se pone muy colorada y nos mira. Después, contesta] Tuve algunos novios, incluso tuve propuesta de boda, pero era evidente la presencia de "la mano de Dios" en mi camino ya que Él me iba relegando de ello poco a poco.

IP: ¿Hacia dónde le iba llevando Dios o hacia dónde usted quería ir?

HG: Pues, de entrada ingresé en la Universidad tratando de quemar el tiempo, pues no sabía bien qué camino seguir. Jamás consideré una mala inversión el estudiar, así que me matriculé en Psicología. Seguí también mis estudios de inglés e informática. De esta forma y con la mente bastante ocupada no habría tiempo para pensar en ser o no religiosa.

No obstante, esa llama no se apagaba en mi interior: Dios se ocupaba de mantenerla viva con infinidad de detalles. Pero mi proceso vocacional fue, en resumidas cuentas, un contante resistirme. 


“Dios siempre camina a nuestro lado. Él es quien va tejiendo la historia de cada uno pero eso sí, respetando siempre tu voluntad. No obstante, si notas que te está llamando, no dudes en que te lo hará saber de mil maneras, aun cuando tú estés ideando la táctica más creativa posible para ensombrecer o acallar su voz en ti. No lo olvides, contra Dios no se lucha, ¡Él es!

Querría ir terminando donde “realmente empieza todo”, en la respuesta entregada a esa llamada que Dios venía haciendo sonar en mi interior.

IP: Una duda, hermana. En todo este tiempo, ¿seguía tan vinculada a la vida de la parroquia, a las catequesis del Camino, a todo eso que antes nos ha contado?

HG: Me había distanciado un poco de todo el mundo religioso, quería vivir y ambicionar las cosas más normales que cualquier joven siente con visión de futuro. Ya estaba por terminar la carrera, y por aquel entonces, me consideraba muy segura de mis acciones, aunque estuvieran apoyadas en fugaces nimiedades que no dejan más que vacío en el corazón del hombre.

Así fue que el Señor tuvo que espabilarme por completo presentando ante mí la “catequesis de la muerte”.

IP: ¿Qué sucedió?

HG: Nos tocó asumir con dolor el fallecimiento de un familiar, y en aquel acontecimiento descubrí lo corta que puede resultar la vida, lo voluble y expuesto que está este gran don aquí en la tierra. El tiempo escaso, contado y limitado que tenemos como oportunidad para hallar la voluntad de Dios en nuestro recorrido y seguirlo con entregado corazón.

Una cosa me fue conduciendo a la otra, como quien va engarzando los aros de una cadena. La misa de novenario del fallecimiento de este familiar fue celebrada en el convento de las madres Carmelitas que estaba cercano a mi casa. ¡Era la primera vez que tendría un contacto primerizo con religiosas de clausura! Pero de ¿clausura? Eso me sonaba a rejas, disciplina y vida muy dura en penitencia, a mujeres casi perfectas. ¡Imposible algo así para mí!

IP: Eso… ¿de clausura?, ¿no le gustaba ese tipo de vida?

HG: Pues no sé, sólo que sucedió lo contrario. En las miradas de aquellas mujeres descubrí no sólo el rostro de aquel Cristo paciente y sufriente que tanto venía ya aguardándome, sino también y sobre todo, el rostro de un Dios que quizá yo aun no conocía en carne propia. El de un “Dios misericordioso” que estaba a mi puerta llamando con el mismo amor y ternura de siempre, con el mismo interés y deseo a pesar de mis distantes actitudes para con Él. Con dulce voz de Buen Pastor, me decía: "ven". Me invitaba así a hacerme yo “buen pastor” para otros, me proponía la maravillosa aventura de quien sale de sí para hacerse prolongación de su presencia entre aquellos que aún no le conocen o se han alejado de Él. Me invitaba a andar un recorrido como madre orante, cooperadora y sostenedora de los miembros vacilantes de la Iglesia, según palabras de mi madre Santa Clara.

¡De ese “Cristo-Dios” me prendé por completo! Y desde entonces, no sin dificultades, intenté dar pié con todas mis fuerzas a ese amor verdadero y profundo, novedoso y paciente que yo acababa de conocer.

IP: Y, ¿qué hizo para poder encauzar y hacer realidad todas estas vivencias y convicciones?

HG: No pensando en el tiempo perdido sino en lo que me esperaba por delante, me apunté por tercera vez al retiro vocacional que ofrece el Camino Neocatecumenal cada año a los jóvenes. ¡Solo quería donarme! Necesitaba ser enviada por mi “Madre la Iglesia” a cualquier lugar del mundo a anunciar la buena noticia. Como María Magdalena en Pascua de Resurrección, necesitaba correr, saltar y gritar para anunciar a aquel “Jesús vivo” que sin saberlo yo, tanto había buscado, aun a veces, en las penumbras de las tumbas del mundo.


Así, en aquella convivencia vocacional, recibí la aceptación y la propuesta de ser enviada a esta comunidad de Hermanas Clarisas de El Toboso, donde por su gracia persevero e intento servir a la Iglesia como religiosa contemplativa. Desde aquí mis rodillas se hacen alas, puedo llegar a tantos corazones, a tantos hermanos con los que ser madre solidaria y cercana, que sana y acompaña,  desde el silencio orante.

IP: ¡Usted como Don Quijote!, ya que nos encontramos en tierras cervantinas. Se montó en su cabalgadura; bueno, imaginamos que en un avión, y… ¡a El Toboso! ¿Fue así?

HG: [Se ríe] No, ¡ojalá! Pero ni Rocín ni avión. En esta etapa no fue todo tan rápido como parece. La lucha se hizo más fuerte y constante que nunca a la hora de poner a prueba este amor.

Antes tuve que seguir un camino de discernimiento con un sacerdote que bien me conoce, casi desde niña. Es el Padre Zacarías Martínez, un ángel sin alas, de quien recibí su repuesta de aceptar ser mi director espiritual, en plena explanada del Santuario de Aparecida (Brasil) donde peregriné al encuentro del Papa emérito Benedicto XVI y donde también tendríamos un encuentro vocacional con los fundadores del Camino Neocatecumenal.

Junto a mis padres y un grupo hermoso de hermanos, participamos de varios encuentros, y, en el momento del levantamiento vocacional que nos hicieron, salté de mi silla y fui corriendo dónde esperaban los obispos para imponernos las manos sobre quienes respondíamos a la llamada; para recibir por la fe, toda la fuerza y la gracia del Espíritu Santo y así para poder emprender nuestro envío, cumplir la voluntad de Dios, ser sus discípulos.

[Hace un silencio…, creemos que se está emocionando. Apagamos la grabadora. Luego nos hace seña de que la encendamos y nos dice:]

Recuerdo que al subir al estrado, desde donde nos brindaron el encuentro, sentí un par de palmadas de ánimo en la espalda y una voz que me dijo: “¡ánimo muchacha, Dios no te abandona!”. Al regresar donde mis padres, me enseñaron el vídeo. Y Cuál fue mi sorpresa al descubrir que estas palabras de aliento, las recibí del propio Kiko Arguello, fundador del Camino Neocatecumenal y en cuyo itinerario de iniciación volví a nacer a la vida de la fe.


IP: Entonces, ¿cuándo monja,  cuándo El Toboso, cuándo las clarisas?

HG: Bueno, bueno. Ahora es cuando realmente comenzó el tiempo de espera el cual se me hizo eterno. Aún debía concluir mis estudios universitarios y terminar las documentaciones requeridas para emprender el viaje a España. Así que, esta vez, no me quedó de otra, a mí me tocó aprender a esperar a Aquel que llevaba casi toda una vida esperándome.

IP: ¿Está contenta?

HG: ¡Feliz, y mucho! Jamás pensé llegar a dónde he llegado, y mucho menos imaginarme como religiosa de clausura. Nunca considere España, más en concreto El Toboso, como lugar donde vivir para siempre, lejos de mi país, de mi familia, de mis amigos y cultura. Al mismo tiempo, tampoco pensé ser tan dichosa al saberme cada día tan amada y mirada con el amor y la misericordia infinita de Aquel cuya hermosura admiran el sol y la luna; de Aquel a quien mi madre Santa Clara me invita a amar totalmente pues Él se entregó totalmente en la máxima pobreza de la cruz, ¡por mí y por amor!

IP: ¿No echa de menos su tierra, familia, amigos?

HG: Hay cosas a las que he renunciado, sí, es verdad. Pero no sería honesto dejar de reconocer el chorro de gracias derramado no solo sobre mí, sino también sobre mi familia. Por eso, desde la oración los acompaño siempre.

Tomando el ejemplo de vida de santa Clara y de san Francisco, te invito a no temer ni a cesar en tu búsqueda, pues “cuando Dios llama a una misión, provee las fuerzas necesarias para cumplirla”. Que, si bien se arriesga en esta elección, “¡también se gana!”


IP: La verdad, hermana Gabriela, que este ratito que hemos pasado con usted podemos hacernos una idea de lo valiente que ha sido y, sobre todo, sus palabras nos dejan claro que Dios la está llamando a una misión y con nosotros, aquí, en El Toboso, en este entrañable convento de Hermanas Clarisas.

HG: Si aun en la pequeñez de mi testimonio, no les he podido satisfacer a sus inquietudes o preguntas, no se preocupen, ni se agobien. Asegurarles a todos ustedes, bueno… a vosotros (que estamos en España), que desde este Convento de El Toboso estaremos orando por ti, para que en su momento, el cual Dios bien conoce y ha marcado para ti, sepas descubrir y asumir con valor aquel tesoro que sólo Él ha puesto en el corazón de cada hombre.

Te invito junto a mis hermanas a profundizar sobre la importancia de “la oración como camino de comunión con Cristo y de vida orante y contemplativa”, para que puedas entrar en la escucha de Dios y de los sufrimientos e inquietudes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, desde donde se realiza nuestra labor.


Ya me despido con el deseo de hacer eco en tu corazón con aquellas palabras que nuestra madre, santa Clara, le dirigió a santa Inés y que también hoy nos dice a cada una de nosotras: “…te considero colaboradora del mismo Dios y apoyo de los miembros vacilantes de su cuerpo inefable.” (Cta. Cl. III) 

Chicos, gracias por vuestra atención. Os doy un abrazo fraterno de paz y bien.

IP: Muchas gracias, hermana Gabriela.

FOTO:

© Archivo del Convento HH. Clarisas El Toboso, 2015

001 a 008.- Diversos momentos de la vida de la hermana Gabriela.

lunes, 15 de junio de 2015

Convento Clarisas

Profesión Solemne de la hermana Gabriela María del Buen Pastor en las Clarisas de El Toboso

Estuvo acompañada de sus padres, Juan David y Beatriz, y de sus tres hermanos y familia que viajaron desde Asunción (Paraguay) hasta la Patria de Dulcinea para acompañar a su hija.


EL TOBOSO / 15 JUN ■ InfoParroquia.- El pasado sábado, 13 de junio, y en el marco del Año dedicado a la Vida Consagrada que la Iglesia universal celebra este año, la hermana Gabriela María del Buen Pastor profesó solemnemente sus votos dentro de la Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara en el Convento de la Concepción y San Benito de El Toboso (Toledo).

La celebración estuvo presidida por el P. Fr. Emilio Rocha Grande, O.F.M., del Convento de las Franciscanos de Murcia y junto a él concelebraron una quincena de sacerdotes y frailes, entre los que se encontraba el P. Zacarías Martínez, de la Arquidiócesis de Asunción (Paraguay), quien han sido Padre Espiritual de sor Gabriela desde su más tierna infancia. También, el P. Fr. José Álvarez, O.F.M., encargado de la formación y acompañamiento vocacional de la nueva hermana desde su llegada al convento de El Toboso, en al año 2008. Y los sacerdotes D. Juan Miguel Romeralo y D. Eduardo Toledo, capellanes de los conventos toboseños de clarisas y trinitarias respectivamente.

Hasta la Iglesia conventual de las Clarisas acudieron bastantes consagrados y consagradas de otras órdenes y congregaciones religiosas, manifestando de esta forma la diversidad de carismas y formas de consagración que existen dentro la Iglesia, además de las monjas de otros monasterios que integran la Federación de Clarisas y que acompañaron a sor Gabriela, como son Alcalá de Henares, Toledo, Ocaña, Madridejos, Villarubia, etc. Y junto a esta gran familia, estuvieron también presentes un profuso grupo de amigos y amigas de la de comunidad toboseña que tomaron parte activa de la celebración por medio de los cantos, miembros de Orden Franciscana Seglar y fieles toboseños que se acercaron a compartir este momento tan especial para las monjas de El Toboso.


La hermana Gabriela estuvo acompañada en todo momento por sus padres, Juan David y Beatriz, que hicieron las veces de padrinos de profesión, y sus tres hermanos, venidos de desde Paraguay para este acontecimiento tan especial. También hubo una representación oficial del país de origen de sor Gabriela por medio de la persona del Embajador del Paraguay en España. Sr. D. Antonio Rivas Palacios, acompañado de su señora, Marta de Rivas, de la Ministra de Cultura en la embajada española del país guaraní, Dª. María Amarilla Acosta, y de la Cónsul Sra. María Concepción Domínguez. Finalmente, cerró este capítulo de representaciones D. Marciano Ortega, quien esa misma mañana concluyó con sus funciones como Alcalde de la Patria de Dulcinea.

La celebración comenzó a las 12:00 horas del medio día con un gesto muy emotivo. Antes de dar comienzo la Santa Misa y en el atrio del templo, los padres de la hermana Gabriela impusieron sobre ella sus manos y oraron mientras el coro entonaba el canto “Shemá Isarel”: Escucha Israel el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno. Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6,4-9). Otro momento emocionante fue la postración de la hermana en tierra mientras la asamblea invocaba a todos los santos, antes de que sor Gabriela pronunciase su fórmula profesión delante de la Madre Abadesa, sor María Sagrario, que juntas rubricaron dicho documento en la Altar de la Iglesia conventual. Una vez consagrada, la hermana Gabriela recibió las insignias de la profesión, la alianza y la corona. Y, de forma especial, un manuscrito con la bendición del Papa Francisco, lo que provocó las lágrimas de la nueva hermana profesa solemne.


Homilía

El P. Fr. Emilio Rocha, invitó a todos los presentes a Dios «por permitirnos participar en este, que podemos llamar sin rubor, “magnífico acontecimiento eclesial” Y es que vamos a ser testigos de la entrega definitiva al Señor de nuestra hermana Gabriela […] Ella y por pura gracia, ha sentido en su corazón la llamada de Diosa amarle plenamente y el deseo de entregarse totalmente a Él. Y puede hacer verdaderamente suyas las palabras de nuestra hermana y madre Santa Clara: “dichosa, en verdad, aquella a la que se le ha dado apegarse con todas las fibras del corazón a Aquel cuya belleza admiran son cesar los bienaventurados ejércitos celestiales; cuyo amor enamora, cuya contemplación reanima, cuya suavidad colma y cuyo recuerdo ilumina suavemente” ( IV CtaCl 9-12).»

«La vocación a la vida contemplativa es un regalo inmerecido. Sin duda, hoy resuenan de modo particular en el corazón de sor Gabriela las palabras que hemos escuchado en la primera lectura: “antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré (Jer 1,4-9)” Pero, Dios espera que recibamos su regalo con agradecimiento, y el mejor modo de hacerlo es con una respuesta total de entrega; ésa que Santa Clara pide a sus hermanas: “mira atentamente, considera, contempla, con el deseo de imitarle, a tu Esposo, el más hermoso de los hijos de los hombre, hecho para tu salvación el más vil de los hombres (2CtaCl, 15)” y también “Si sufres con Él, reinarás con Él; si lloras con Él, gozarás con Él; si mueres con Él en la cruz de la tribulación, poseerás con Él las mansiones celestes en el esplendor de los santos” (2CtaCla, 21).»


«Sor Gabriela ha escuchado en el silencio de su corazón, como dirigidas personalmente a ella, las palabras que hemos escuchado en el salmo responsorial: “escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna, prendado está el rey de tu belleza, póstrate ante Él, que Él es tu Señor (Sal 44,11-12) Y ella ha respondido haciendo suyas las palabras de Santa Clara: “ama totalmente al que totalmente se ha entregado por nuestro amor (3CtaCl, 15) […] expresión definitiva de su respuesta de amor al amor de Dios; no se trata de una acto irreflexivo o inconsciente. Ella es muy consciente de su fragilidad personal, pero también sabe por experiencia que se puede fiar de la gracia de Dios. Sin duda, puede hacer suyas las palabras de san Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura: “ese tesoro –él de la vocación– lo llevamos en vasijas de barro, para que todos vean que una gracia tan extraordinaria procede de Dios y no de nosotros (2 Cor 4,1-15) Sólo así, apoyada en la fidelidad inquebrantable de Dios, es posible desempeñar la propia palabra y entregar la propia vida.»

«No todos pueden aceptar esto», afirmó el P. Rocha. «La vocación a la vida contemplativa tiene mucho de excepcional y es, por tanto, muy difícil de entender para una cultura que sólo valora lo que podemos palpar con los sentidos y tocar con nuestras manos. Para entender la vocación de sor Gabriela hay que entrar en el camino de la fe. Y por este camino, descubrir que sí somos criaturas de Dios; si Dios es la fuente del amor y de la vida, cuánto más directa, más prolongada y más íntima sea nuestra relación con Él, tanto mayor será nuestra felicidad y más fecunda será nuestra vida. Para quien cree que la felicidad sólo consiste en la posesión egoísta de bienes materiales, la vocación de sor Gabriela  es una locura. Sin embargo, para quien vive en la fe, para quien ha conocido a Jesucristo y ha descubierto en Él la perla preciosa, es una vocación que se convierte en un signo del amor absoluto de Dios, que ayuda y muestra a la Iglesia entera llamada también toda ella a la santidad, a descubrir cuál es su meta definitiva.»


«Sólo una gracia especial de Dios, como la que ha recibido sor Gabriela, puede hacer posible este deseo íntimo de unión exclusiva con Dios, renunciando a muchos bienes terrenales y a muchos amores humanos. Sólo un amor muy grande, un amor y un gozo que supera todos los amores y gozos de este mundo, puede explicar las renuncias tan grandes. Es un amor que llena de dicha y que queda marcado de forma indeleble en el corazón.»

Después, el P.Rocha pasó a explicar estas renuncias por medio de la reflexión de los consejos evangélicos que sor Gabriela iba a prometer. «Vivir la castidad es la proclamación de que Dios es el único centro de tu corazón; sólo Él es capaz de colmar plenamente tu capacidad de amar y ser amada; sólo Él puede llenar de sentido todas las fibras de tu existir. Por eso, con todas las fuerzas que brotan de un corazón enamorado no quiere tener otro esposo que al Señor crucificado y glorioso.»

«Vivir sin nada propio, reconociendo que tu gran tesoro es Dios y su amor, siguiendo a Jesucristo pobre y crucificado, y no queriendo nunca ser más que tu Maestro; también tú deseas trabajar con tus manos, vivir pobremente y compartir con los hermanos más necesitados los frutos de tu trabajo […] Vivir en obediencia, pendiente día y noche de la voluntad siempre amada de Dios, para no dar ni un solo paso fuera de ese designio de amor. Tu obediencia es la del Señor Jesús. Él, por la obediencia a la voluntad del Padre, se entregó hasta ofrecerse a la muerte, y muerte de cruz, alcanzándonos por su actitud obediente el perdón de los pecados y la comunión plena con su Padre Dios.»


«Vivir en clausura, haciendo del recinto del convento el lugar privilegiado para tu encuentro amoroso con Aquel que ha seducido tu corazón y al que Santa Clara canta apasionadamente en sus escritos: “que no busca la vida de fuera porque la del espíritu es mejor” […] Y todo ello viviendo en fraternidad. Reconociendo en todas y cada una de las hermanas que Dios ha puesto a tu lado un regalo precioso y un estímulo para tu fidelidad. Las hermanas, que no son simplemente testigos del acto que sor Gabriela se dispone a realizar, son simultáneamente compañeras de camino, estímulo de a la fidelidad, apoyo en la dificultad, palabra de corrección en el error y coherederas del mismo Reino.»

«Y orientado todo a la existencia desde la oración, desde el encuentro personal con el Señor; haciendo de Él, en todo momento y circunstancia, el centro afectivo y efectivo de tu vida; y, desde ahí, sentirte “cooperadora del mismo Dios y sostenedora de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable que caen” (3CtaCl 8).»

Finalmente, el P. Rocha, quisco concluir sus palabras con nuevo agradecimiento a Dios por la llamada especial que el Señor ha hecho a Gabriela. También, «damos gracias a Dios por sus padres y su familia que ofrecen al Señor el sacrificio de entregar a su hija para su servicio y alabanza. Tened la seguridad –dijo el franciscano– de que Dios os recompensará con el ciento por uno, participando con ella en su felicidad y en la alegría de darse por entero al Señor.»



Agradecimiento

Por su parte, la hermana Gabriela, tras escuchar el canto de invocación a la Virgen que interpretó su padre Juan David, quiso tener unas palabras para con todos los presentes, expresando un profundo sentimiento de agradecimiento a Dios, a su familia, a los sacerdotes que la han acompañado durante su discernimiento vocacional y, sin duda, a la comunidad de sus hermanas clarisas de El Toboso. También, sus familiares difuntos, en especial su abuela. «Quiero que ayudada de vuestra oración y presencia –dijo sor Gabriela– hacerme yo “buen pastor” para otros, hacerme prolongación de su Presencia entre aquellos que aún no le conocen o se han alejado de Él. Deseo desde este Convento andar un recorrido como madre orante, cooperadora y sostenedora de los miembros vacilantes de la Iglesia, según palabras de mi madre Santa Clara. Muchas gracias a todos.» Y la asamblea prorrumpió con un fortísimo aplauso dándose por concluida esta celebración.

FOTOS:

© Julio Caballero, O.F.M., 2015

001 a 008.- Diversos momentos de la celebración.

viernes, 12 de junio de 2015

Convento Clarisas

Las Monjas Clarisas de El Toboso

Así son y viven este puñado de nueve hermanas, de edades y procedencias muy distintas, que forman una comunidad religiosa contemplativa en la Patria de Dulcinea. Famosas por sus dulces y pastas, entre ellas las “pelusas”, nos cuentan detalles de su día a día, su trabajo, el sustento del convento y la razón de por qué están ahí y para qué.


EL TOBOSO / 12 JUN ■ InfoParroquia.- La celebración del Año de la Vida Consagrada que a propuesta del Papa Francisco está conmemorando la Iglesia universal en este 2015, nos está permitiendo conocer más de cerca el espíritu, carisma y formas de vida consagrada que hombres y mujeres viven hoy en medio de nuestra Iglesia y del mundo.

Por este motivo, la agencia InfoParroquia EL TOBOSO de la Parroquia San Antonio Abad de la Patria de Dulcinea, en pleno corazón de la mancha toledana, ha querido conocer de primera mano la vida que llevan las monjas de clausura de uno de los dos conventos que existen en El Toboso (Toledo). Concretamente, el Convento de la Concepción y San Benito de las Hermanas Pobres de Santa Clara, las clarisas.

Durante estos días, esta comunidad de monjas contemplativas se prepara para celebrar la profesión de una de sus jóvenes religiosas, momento idónea para saborear con ellas el atractivo de una vida dedicada solamente para Dios y que sigue teniendo vigencia y atractivo. La hermana María Dolores González, natural de Córdoba y con una larga trayectoria en el Convento toboseño, nos abre sus puertas.

Fraternidad de HH. Clarisas

“Deja de lado absolutamente todo…, y ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor” (3 Cta. Cl. 15)

Intentar conocer un poco por dentro a una comunidad de monjas de clausura parece que impone o que sobrecoge un poco dado el tabú que hasta hoy se ha hecho de ellas. ¡Y de eso nada! Las monjas, son unas mujeres normales y corrientes, solamente que han descubierto a Alguien vivo y actual por el cual gastan y desgastan su vida día a día con una “pasión”, alegría y entrega desbordante.


Esta Comunidad de Hermanas Clarisas de El Toboso, al igual que creo que se da en todos los colectivos, organizan su día sujetas a un horario que comienza muy de mañana, antes de las 06:30h. Y, ¿dónde van tan temprano estas mujercillas que aparentemente no tienen nada que hacer? Pues de entre ellas hay algunas de más de ochenta primaveras. Van al Coro, el lugar dedicado para la oración y el encuentro privilegiado con el Maestro, como ya lo hiciera Él con la Samaritana, junto al pozo de Jacob (Jn 4,1-42) Aquí es junto al Sagrario donde las hermanas se reúnen para beber espiritualmente de esa fuente que durante el día colmará la sed y el cansancio de la jornada. El Coro, como lugar de oración, es donde la comunidad reza a diario laudes, oficio de lectura y horas menores, vísperas y completas, la Eucaristía y la oración personal.

Sin duda que este sabroso alimento que surte de la oración, las hermanas quedan todas ellas impregnadas de este espíritu de libertad, amor fraterno, misericordia y alegría que después se ha de transmitir en el trato de unas con otras y, muy especialmente, para con todos aquellos que se acercan hasta nuestro Convento.

Terminada la oración matinal, el desayuno que se hace en silencio, excepto los domingos y días festivos. Inmediatamente, la comunidad se desgrana para ir cada una a su oficio y lugar de trabajo después de haber oído a la Madre Abadesa que como “una verdadera madre”, invita a sus hijas al quehacer diario para que cada hermana lo pueda desempeñar con buen ánimo, teniendo en cuenta la salud, la edad y la disponibilidad de las monjas, pero siempre acogiendo los dones y talentos que Dios han dispuesto en cada una de nosotras. Dios no hace a nadie inútil. Por eso y tras un toque de campana, invocamos al Espíritu Santo para iniciar el trabajo.


Principalmente nuestra tarea consiste en la elaboración de repostería, principal fuente de ingreso y sustento del monasterio. Manufacturamos hasta seis clases de dulces típicos (pelusas, caprichos de Dulcinea, almendrados, bolluelas, cocos y pastas) Algunas hermanas también confeccionan escapularios y bordados, sobre todo para bebés. Y las tareas de propias del mantenimiento de una casa.

El almuerzo lo tenemos a las 14:00h; antes hemos pasado por el Coro para tener un breve momento de oración. Mientras comemos en el refectorio (comedor), una hermana hace lectura de temas tocantes a vida religiosa, actualidad de la Iglesia, de la Diócesis o de otras fraternidades clarisas. Y cuando la Madre Abadesa hace una señal para que se dé por concluida la lectura, es cuando abrimos un fraternal diálogo.

Nuestra Convento se halla en pleno corazón de un pueblo, El Toboso, que además es muy visitado por muchas personas. Y por nuestra portería pasan muchas personas al cabo del año, de ahí que nuestra comunidad sea abierta, dialogante y constante ayuda a personas que nos piden ayuda de todo tipo (alimentos, ser escuchados, piden oraciones, etc.), además de la venta de nuestros productos. También compartimos momentos importantes de la vida de la Comunidad, como son las fiestas, y todos los domingos el grupo seglar franciscano se unen a nosotras en la oración de vísperas.


Y es que este espíritu de servicio responde a lo que nuestra madre Santa Clara pedía para nuestras fraternidades: que fuesen realmente como una familia donde cada monja mire por las necesidades de su hermana.

“Porque el mismo Dos nos ha puesto como modelo, ejemplo y espejo no solamente para los demás, sino también para nuestras hermanas llamadas por el Señor a la misma vocación, a fin de que ellas, a su vez, sirvan de espejo y ejemplo a los que viven en el mundo” (Test. Cl. 19-20)

Terminado el almuerzo, la Regla nos da una hora de descanso. Durante este tiempo se debe procurar el mayor de los silencios, todo por caridad y respeto hacia la otra hermana. Pero, ¿qué es la Regla? Pues viene a ser como el documento que da forma a nuestra vida contemplativa y en donde se recogen todos aquellos ruegos que Santa Clara quería para sus hermanas.

La tarde la estrenamos con el ejercicio de la Lectio Divina o lectura espiritual. Cada hermana tiene en su celda (habitación) diversos libros de espiritualidad, de franciscanismo, magisterio de la Iglesia, formación y la Biblia, y aprovecha este rato para la lectura, estudio, reflexión. A esto le sigue la formación comunitaria, muy organizada.

“Pon tu mente en el espejo de la eternidad; pon tu alma en el esplendor de la gloria; pon tu corazón en la figura de la divina sustancia… para ser signo del amor gratuito de Dios a la humanidad” (3 Cta. Cl. 12-13)

Por tanto, las hermanas intercalan el trabajo con el estudio, sabiendo que hemos de tener una fe formada y actualizada; es decir, no podemos quedarnos con lo únicamente heredado de una época determinada sino que hemos de vivir el momento presente y sus signos. Y la formación teológica, bíblica, espiritual, nos ayuda a cultivar esta urgencia y necesidad.

Y al caer de la tarde, Emaús: el encuentro con Jesús Resucitado. Primero, la adoración eucarística que tenemos todas las tardes del año; después, la celebración de la Misa que preside nuestro capellán. Finalmente, la oración comunitaria de vísperas y la personal para luego ir de nuevo al refectorio y compartir la cena con un posterior tiempo de recreo. El día se cierra con el rezo último (completas) en donde “antes de cerrar los ojos, los labios, y el corazón, al final de la jornada, ¡buenas noches, Padre Dios!”.


Espero que ahora se pueda comprender un poco mejor el hecho de que aún exista un monasterio de clausura como el nuestro, de hermanas clarisas, en El Toboso compuesto por nueve religiosas, por ahora. Somos como “nueve Dulcineas de Dios” dedicadas a la oración, al trabajo, al estudio, a la alegría, a la fraternidad. En definitiva, una familia contemplativa conde cada día aprendemos a apreciarnos, amarnos y, también, perdonarnos. Sin duda que aquellos que han pasado por nuestra casa nos han dejado este mensaje: “aquí reina un espíritu familiar, alegre, muy acogedor; es decir, un espíritu franciscano”.

Nosotras hemos conocido y creído el amor que Dios nos tiene” (1 Jn 4,16) y hemos puesto en Él nuestro ideal. ¿Y tú?

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© InfoParroquia EL TOBOSO, 2015


001.- Espadaña del Convento

002.- Placa exterior en la entrada al Convento

003.- Hermanas en el obrador

004.- La comunidad, en la celebración del VIII Centenario Aprobación de la Regla

005.- Actualmente