martes, 29 de octubre de 2013

Pastoral Juvenil

«Un cristiano joven siempre tiene que aspirar a lo más alto, a conseguir ese corazón que vive con plenitud la Fe»

Testimonio de uno de los jóvenes participantes en la pasada Peregrinación Diocesana de Jóvenes a Guadalupe.


EL TOBOSO / 29 0CT ■ InfoParroquia.- El joven Carlos Javier Fernández Jiménez, del Arciprestazgo de Quintanar de la Orden fue uno de los jóvenes que junto a los de la Parroquia de El Toboso (Toledo) participó en la pasada Peregrinación Diocesana de Jóvenes al santuario extremeño de Guadalupe, que tuvo lugar los días 18 al 20 del pasado mes de Octubre. InfoParroquia EL TOBOSO recoge íntegramente el testimonio de este jóven en el que asegura cómo «este tipo de experiencias rejuvenece la Fe»

Como cada peregrinación o campamento, había sido informado por mi cura Juan Antonio, Párroco de Miguel Esteban, y Juan Miguel Romeralo Santiago, buen amigo y Párroco de El Toboso, además  de mi amiga María Mayoral, y al igual que cada año, siempre me surgía algo que evitaba que pudiese ir. Para no variar, cuando María me comentó qué día sería Guadalupe, ya tenía planes hechos: Unos días antes había estado preparando el traje y las entradas para la “fiesta de novatos” de mi residencia con mucha ilusión, ya que la experiencia de “novato” solo se vive una vez (he empezado este año Historia en la Complutense). En un principio deseché la idea de Guadalupe, porque después de tener todo preparado para la celebración, no lo iba a echar a perder, pero un par de días después, tras la rutina nocturna de rezar antes de dormir, vino de nuevo la idea de Guadalupe a mi cabeza, o mejor dicho, a mi “corazón naranja”. Pensé: “celebraciones hay muchas a lo largo del año, pero la peregrinación a Guadalupe solo se da una vez al año”. A la mañana siguiente, avisé a María y Juan Antonio con la buena nueva de que sí iría finalmente a Guadalupe.

Esta anécdota no finaliza ahí; hoy en día vivimos en una sociedad donde ser cristiano no tiene tantas facilidades como realmente quisiéramos. Cuando comenté a mis compañeros de la residencia la idea de que no iría a la celebración debido a la peregrinación, algunos me decían “¿vale la pena sacrificarlo por eso?” o “piénsatelo dos veces y no vayas, que aquí te lo vas a pasar mejor aún”. Estos comentarios me hacían preguntarme si realmente valdría la pena ir a Guadalupe después de todo, pero tenía asumida mi decisión de ir, e iría después de no haber podido en mucho tiempo.

Finalmente llegamos al viernes 18. Sabía que Guadalupe tenía guardada para mí una gran experiencia, pero no sabía hasta qué punto. Después de un largo viaje en bus, llegamos a Guadarranque, donde nos agruparon y nos señalaron nuestros monitores (Manu y Coro). Una hora después iniciamos la peregrinación ya entrada la noche. Para romper el hielo e ir conociéndonos, durante los 10 kilómetros que hicimos fuimos hablando de por qué estábamos allí y qué era lo que nos había llevado a peregrinar a Guadalupe, todos con una idea común: Jesús.

Acabado el peregrinaje llegamos a Alía, donde cenamos, y muy a nuestro pesar, nos pusimos a bailar. Asimismo, una vez terminado, nos fuimos a descansar al pabellón.

El sábado 19 comenzaba pasado por agua, por lo que los juegos y las charlas que estaban organizadas se tuvieron que hacer dentro de un colegio. En una de esas “charlas” o temas ya en la iglesia, el sacerdote nos habló sobre el pecado, e hizo referencia a una curiosa metáfora que me hizo reflexionar: comparó la fe que vivíamos con tres corazones: el corazón lila, aquel que tiene la fe más olvidada y vive en pecado, el corazón rojo, que vive con plenitud la fe y el corazón naranja, un término medio entre los dos corazones. Esta metáfora me hizo pensar que el cristiano siempre tiene que aspirar a lo más alto, a conseguir ese corazón rojo, pero que no siempre es así. Cualquier gesto como no ir a misa un domingo, no confesarnos a menudo, no ayudar a una persona que lo necesita o simplemente cualquier detalle nos hace que ese corazón que antes era rojo se vaya oscureciendo. Escuchado esto, me propuse cambiar mi corazón en los dos días que me quedaban de peregrinación para despedir a la Virgen de Guadalupe con ese vivo corazón rojo.

Estas charlas también sirvieron para mejorar la gran relación que estábamos teniendo con nuestros monitores Manu y Coro y con nuestros compañeros María Mayoral, Perico, Inés, Alberto, Carmen, Fran, David, Rebeca y María, que gran grupo 15.

Una vez terminado esto tuvo lugar la misa, donde hice mi primer paso para cambiar mi corazón: confesarme. Puede que este momento haya sido uno de los más importantes de la peregrinación, ya que cuando nos confesamos sentimos  un gran bienestar y una tranquilidad con nosotros mismos,  porque el Señor nos perdona a pesar de ser pecadores.

Tras la misa nos esperaba la comida, y después una larga caminata de 14 kilómetros. Si la mañana había empezado con agua, la tarde no iba a ser menos, pero a pesar del agua y el viento, nos dirigimos a Guadalupe. Este camino guardó un montón de anécdotas e historias, donde también tuvimos tiempo para rezar el Santo Rosario.

La llegada al pueblo de Guadalupe fue otro de los momentos más destacados. Después del largo camino habíamos llegado a nuestra meta, todos con nuestras camisetas amarillas de la peregrinación, felices y entusiasmados, y además cantando, algo que no faltó en toda la peregrinación. Nos dirigimos a la basílica donde tuvo lugar para mí el momento más especial  del fin de semana: encontrarme con nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe. En ese momento mi cabeza volvió a la semana anterior donde no sabía si venir a Guadalupe o no, y me sentí orgulloso de haber tomado la decisión acertada, ya que esa sensación no la cambiaba por nada.

Tras la cena, se llevó a cabo la vigilia; otra bonita experiencia de encuentro con el Señor, al cual teníamos que agradecer la gran peregrinación que habíamos tenido. Tras la vigilia nos fuimos a descansar, la peregrinación de Guadalupe estaba llegando a su fin…

Comenzaba por tanto el domingo 20 con un sabor agridulce ya que  nuestro encuentro con la virgen de Guadalupe no había hecho más que empezar y ya estaba acabando. Al levantarnos recogimos nuestro macuto y salimos a desayunar hacia el recinto de las chicas, ya que estábamos separados.

Después de un gran desayuno, otro sacerdote nos habló acerca de la Iglesia, otro de los temas más importantes, porque ya desde pequeños siempre nos han preguntado “¿Qué es Iglesia?” o ¿qué diferencia Iglesia a iglesia?”. Todos sabemos que la Iglesia la formamos todos, cada uno aportando su granito de arena, y a la cabeza de esa gran montaña se encuentra Jesús, pero muchas veces olvidamos el verdadero significado de Iglesia. Con esto quiero hacer referencia a una cita que aparece en el libro del peregrino respecto a la Iglesia, y dice así: “La Iglesia no solo es para nosotros donde Cristo está, y el lugar donde Cristo nos comunica su amor, sino que es el auténtico tesoro de Jesús. Cuando una persona tiene un tesoro, ese tesoro lo considera como parte de su propia vida, de su propia existencia; la Iglesia es ese fruto que brota del amor de Dios por el hombre que se entrega en la Cruz.”

Tras el tema, Coro nos regaló unas bonitas pulseras de la JMJ bendecidas por el Papa, y Manu un cuadernillo del santísimo Cristo de la Vera Cruz de Urda.  Después tuvimos ocasión de tomarnos algo tranquilamente en la plaza antes de la misa, ya que era tiempo libre. Recuerdo que este momento se hizo extraño, porque esas personas con las que había compartido tanto en tan pocos días estaban a punto de tomar caminos diferentes.

Llegó por fin la ansiada misa en la basílica. Era el momento de encontrarnos con el Señor y agradecer el fantástico fin de semana que habíamos vivido. Después de la misa y del baile que practicamos el viernes  nos hicimos la tradicional foto de peregrinos en la escalera de la basílica. A continuación fuimos a comer, y después de la comida, un grupo de jóvenes de Ciudad Real puso el broche final a la peregrinación con un musical.

He contado muchas experiencias como las grandes amistades que nos hemos llevado, nuestro gran grupo 25, las joyas de monitores que hemos tenido…  Pero lo que realmente cabe destacar de esta experiencia es la Fe. Uno de tantos aspectos positivos que saco de estos momentos es que las peregrinaciones, campamentos, excursiones… nos sacan de la monotonía del día a día, rejuveneciendo nuestra fe. Perdonad si he fallado en algún dato, pero creo que aquí recojo mi gran experiencia en Guadalupe. Estoy seguro que el año que viene, si no surge ningún contratiempo, estaré una vez más allí, y os animo a todos a llevar a cabo estas oportunidades que nos brinda la Iglesia.

No quiero despedirme sin antes agradecer la labor los sacerdotes; de ayudarnos cuando se lo pedimos y cuando no, de estar las 24 horas pendientes de nosotros, de desahogarnos, charlar, comentar tanto el fútbol como la hora santa, debatir… Gracias por no solo transmitir la palabra de Dios, sino por levantarnos cuando más cerca del suelo estamos.

 “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”, Madre Teresa de Calcuta.

CARLOS JAVIER FERNÁNDEZ JIMÉNEZ

FOTOS:

© http://escuelapj.wordpress.com, 2013

© CARLOS JAVIER FERNÁNDEZ JIMÉNEZ, 2013

001.- Cartel de las XII Escuela de Pastoral con Jóvenes 2013

002-004.- Diferentes momentos de la Peregrinación de este año

WEB:

Más información del Secretariado de Pastoral Juvenil de la Archidiócesis de Toledo aquí