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domingo, 8 de enero de 2012

Fiestas y Tradiciones


Misa, Bendición de animales y una Rifa en la Fiesta de San Antón de El Toboso

Con la festividad del titular de la Iglesia Parroquial toboseña, San Antonio Abad, se abre un ciclo de mas de veintidós fiestas religiosas que se celebrarán durante todo el 2012.

EL TOBOSO / 8 ENE ■ InfoParroquia.-  La localidad toledana de El Toboso se prepara en estos días para festejar solemnemente la fiesta del santo titular de la Iglesia Parroquial, San Antonio Abad. Ésta es una de las primeras fiestas a celebrar en la Parroquia y el municipio de un total de más de veintidós fiestas religiosas de gran calado tradicional y popular que se tendrán durante todo el recién estrenado 2012. Además, tanto la fiesta de San Antón como la de San Sebastián, 20 de enero, están muy unidas al carnaval toboseño, el primero y más madrugador de toda España.

El domingo 15 de enero tendrá lugar a las 12:00 horas del medio día una solemne función eucarística en honor de San Antonio Abad, titular del actual templo parroquial, mencionado también como «la Catedral de La Mancha». Seguidamente se efectuará la procesión y bendición de animales por las callejas que custodian la grandiosa parroquia, para cumplir con las tres vueltas tradicionales en honor al santo. El acto finalizará con la popular rifa del famoso «guarro de San Antón», que se realizará a expensas de la Parroquia por tercer año consecutivo. 



Con esta rifa popular, la Iglesia de El Toboso recupera una costumbre antiquísima de regalar un lechón por medio de un sorteo cuyos beneficios obtenidos de la venta de papeletas irán destinados íntegramente a Caritas parroquial y diocesana. Esta propuesta ya tuvo en años anteriores una muy buena acogida entre todos los toboseños y toboseñas que participaron en la rifa y que, muchos de ellos, se acordaban de cuando antaño seguía vigente esta usanza.

La Rifa

La idea de sortear un lechón, que  es el nombre común que recibe el cerdo joven en su periodo de lactancia, también conocido como cochinillo de leche, nace de la propia iconografía religiosa que representa a San Antón acompañado de este animal. Según refiere la tradición, en una ocasión se le acercó a San Antón una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara. Más tarde y por la idea de que el cerdo era un animal impuro, se hizo costumbre de representar al Santo dominando la impureza y por esto le colocaron un cerdo domado a los pies.  Fue en la Edad Media cuando se produjo la práctica de soltar animales y para que la gente no se los apropiara los pusieron bajo el patrocinio del famoso San Antonio.

Antiguamente también en El Toboso existió el uso de que la propia gente alimentaba el cerdo que luego sería sorteado entre los lugareños. Gracias a esta iniciativa, se recupera así una tradición de la que ya hay constancia cómo se celebraba en la Patria de Dulcinea allá por el año 1834, pues en el Archivo Parroquial se conservan papeletas impresas de aquel año.

San Antón

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo».

Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y con aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.

Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «No os agobiéis por el mañana».

Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.

Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llego un momento en que su memoria suplía los libros.

Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

(De la vida de San Anton escrita por el Obispo San Atanasio, capítulos 2-4)

FOTO:

© Pepeltoboso, 2011

001.- Momento de la bendición de mascotas y animales durante la procesión del año pasado en la Plaza Juan Carlos I de El Toboso